Rosalind Krauss tratando de desantrañar la relación gestual entre Pollock y Twombly reconocía que la estructura de la marca del primero, su goteo o sus claves, eran vistos como el resto de un acontecimiento por el segundo, de manera que, al vaciar el lienzo de la forma, devenía un espejo, un vehículo de autorrevelación que sería de la misma sustancia metafísica que la existencia del artista. Creo que este proceso se revela en la pintura de Kappeler, para quien cada cuadro es no sólo un acontecimiento que explica a su manera la vida, sino también una evidencia, en términos hermenéuticos, eso sí, de que lo qué narra y cómo la hace es de una sustancia idéntica a la de su forma de vivir y sentir la vida. En todo caso y siempre, Costa da Morte es la huella de un gran acontecimiento existencial.

                                      X. Antón Castro

 

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